Dada la enorme extensión geográfica de la lengua española y el hecho que sea lengua nacional de más de veinte países, el mundo hispanohablante representa un caso evidente de universo lingüístico policentrista. En una situación de este tipo, es necesario conciliar dos criterios que, a primera vista, pueden parecer contradictorios en varios puntos: por una parte, la ventaja evidente de mantener las posibilidades de comunicación entre la totalidad del mundo hispanohablante; y por otra parte, la necesidad concreta de respetar las inevitables diferencias lingüísticas que existen en el seno de una población tan numerosa y tan extensa. Este artículo se interesa justamente en las relaciones existentes entre la conservación de la unidad lingüística y la enseñanza del español como lengua materna. Para tal fin, este trabajo explora en un primer punto las consecuencias normativas del fenómeno de variación lingüística en español, examinando las características de este policentrismo y la idea de una norma hispánica común, pilar de la unidad y que se puede aprehender de modo diferente: como norma hispánica "superior ", general o de referencia. En un segundo punto, el artículo se propone examinar dos casos diferentes de política educativa que buscan la conservación de la unidad lingüística y que se distinguen según que el objetivo pedagógico contemple o no el fenómeno de variación lingüística: una enseñanza unidialectal centrada en la norma hispánica de referencia y una enseñanza pluridialectal centrada en la norma regional. La descripción y la evaluación de cada uno de estos dos enfoques nos llevará finalmente a tomar partido a favor de un liberalismo normativo, política lingüística panhispánica con un enfoque variacionista de la enseñanza de lengua materna y que sería representada por la aceptación y el respeto de la diversidad normativa pero también por la búsqueda de un conocimiento lingüístico recíproco -y por ende común- entre los hispanohablantes, a partir de los conocimientos dialectales de cada uno.